No sé lo que hago para no caer nuevamente en ese agujero oscuro. El vacio es aterrador, las horas, silenciosas. Nada para llenarlas. El vacio va invadiendo los espacios, agotando mis nervios, haciéndome rondar como un gato encerrado. Atormentado por la duda que no tiene el coraje de salir a la luz y mostrarse tal cual es. El destino no me deja elección. Exprime, aprieta hasta hacer de mi cerebro un puré gris. El gato percibe mi estado en el aire. Da un salto súbito silencioso y ya está en el armario, luego en la ventana, escapa de mí.
Y esa mancha en mi pecho es un nudo en el alma. Mi firma aún está inscripta en el libro maldito, y muestra la verguenza, todo debiera dejar de existir. Ese es el origen del Mal. El Mal es existir, tal como somos, o mejor, tal como no somos, pues somos un equívoco, una impostura. La verguenza de un cuerpo expuesto en la calle de nuestro sufrimiento
Soy el Pilatos-Jesus de manos lavadas… “ Ecce omo”. Un Jesus descalzo ya despojado de cualquier agregado material. Pilatos quiso saber la verdadera Naturaleza del Universo. Pero Jesus se calló. Y continua callado. El Hombre grita frente al espejo. La Mujer – virgen María – observa silenciosa. Pero la multitud furibunda quiere mi cabeza. Agita puños en lo alto. Grita obscenidades, maldiciones, amenazas… Y yo quiero cumplir mi destino, pero denme un sentido para esto, una solidez. Hagan mi vida cobrar significado, substancia… y mi sangre recibir consistencia. Soy tan bueno para vuestro ardiente juicio, que merezco la pena máxima. Quiero recibir el beso y salir corriendo por la madrugada, pateando baldes e ídolos rastreros como carneros de cuernos retorcidos…
La Mujer me perdonó aún antes de saber. No me dijo que yo no existo. Y con eso, se equivocó. Ella hizo como si yo existiese, me creó sin que yo existiera. “Ser o no ser”. Todos nosotros matamos al Hombre al darle existencia. El error original. Creamos su imagen. Luego la recreamos, para matarla nuevamente. Y así veces sin cuenta.

